La humanidad es una unidad viva. Está integrada en un sistema de vida más amplio: la biosfera. La biología y la medicina nos enseñan que la autorregulación y el funcionamiento saludable de un organismo vivo dependen del flujo libre de información y retroalimentación. Este principio sirve de modelo para el funcionamiento de la UPO. En el diseño de su organización y de su forma de trabajar, la UPO se inspira más en un organismo vivo, dinámico y saludable que en las estructuras rígidas y jerárquicas de las instituciones tradicionales.
Los tres círculos de la UPO, la ciudadanía, el Parlamento y el Consejo, mantienen un diálogo permanente y un intercambio transparente de información. Las organizaciones de la sociedad civil forman parte del proceso y son consultadas por sus conocimientos especializados y su experiencia. El genio colectivo debe poder desplegarse libremente. Solo así pueden desarrollarse soluciones sostenibles, surgir perspectivas creativas para el futuro y tomarse decisiones sólidas, siempre con las personas directamente implicadas como protagonistas y corresponsables del proceso. Esta cultura de la información y del diálogo, inspirada en los sistemas vivos autorregulados, hace posible la inclusión de todas las partes interesadas.
Como reflejo de una humanidad diversa y en constante transformación, la UPO integra la vitalidad y la capacidad de adaptación en todas sus estructuras y en todos los niveles de la organización. En la práctica, esto significa que los estatutos, las descripciones de funciones y la distribución de responsabilidades tienen siempre una vigencia limitada y son revisados, debatidos y, cuando es necesario, adaptados periódicamente.
La flexibilidad, la pluralidad y la evolución constituyen elementos estructurales fundamentales de la UPO, favorecidos por su proceso de autoconstitución. De este modo, el sistema permanece abierto, se adapta continuamente a las nuevas realidades y evita convertirse en un instrumento al servicio de una ideología que prometa soluciones rápidas y simplistas.
En el mejor de los casos, la UPO puede contribuir conscientemente a dar forma al mundo, sin pretender salvarlo de inmediato. Promueve una acción gradual, constante y sostenible, en armonía con la realidad de una humanidad compleja e interconectada y del entorno vital que compartimos.
Nuestra tarea es crear el espacio en el que pueda liberarse las capacidades extraordinarias de cada persona, ponerse al servicio del bien común y transformarse en una obra del genio colectivo.
linda a. Hill
